Algo ha sucedido en tierra a las pocas horas de que el buque escuela “Estrella Polar” zarpara de puerto. Tras una aparatosa tormenta no prevista en ninguna carta marítima, han dejado de funcionar todos los sistemas de navegación. Las comunicaciones se han interrumpido. Es como si no hubiese nadie al otro lado, como si el mundo, tal y como lo conocíamos hasta ahora, hubiera desaparecido.

La puesta en funcionamiento, después de varias averías, del acelerador de partículas construido en Ginebra ha fallado, provocando un nuevo Big Bang. Lo que parecía sólo una amenaza catastrofista se ha hecho realidad. Afortunadamente había previsto un “Protocolo Extremo de Seguridad” por si algo salía mal.

Sólo Julia, la científica del buque, conoce la importancia de que, durante la tormenta, el Estrella Polar permanezca en la falla natural que ella misma había marcado como coordenadas de destino. En pocas horas, comprenderá que algo ha salido mal y se verá en la obligación de contar a la tripulación parte de lo que sabe: existe esperanza más allá de la tragedia pero, por el momento, es mejor que sólo ella conozca toda la información.

¿Cómo iban a sospechar los tripulantes del Estrella Polar que el encendido de la máquina provocaría un nuevo Big Bang en el planeta, que los continentes se moverían, que el mar se tragaría el mundo, que peces desconocidos y monstruosos emergerían de las profundidades abisales, que no volverían a ver a su familia, a sus amigos?… ¿Cómo lo iban a saber, si no sabían ni lo que era un acelerador de partículas?

Nuevo hogar, nueva familia

El Estrella Polar es un buque-escuela pensado para albergar y formar a un grupo de jóvenes alumnos en todo tipo de materias y conocimientos marinos, desde iniciación al buceo a oceanografía, biología, primeros auxilios o supervivencia extrema. Unos estudios de dos meses de duración que, de la noche a la mañana, se convertirán en un curso de formación indefinida.

Después del cataclismo, con el mundo sumergido bajo el mar, el barco ha pasado a convertirse en la casa de todos. Los vestuarios, camarotes, cocinas, aulas de docencia, sala de máquinas, puente de mando, etc. se transformarán en sus paisajes cotidianos. Allí vivirán situaciones extremas y nuevas emociones. Ése será todo su mundo desde ahora y para siempre.

La segunda mayor goleta de España reproducida en el interior de un plató

El Barco es una producción de gran envergadura que reproduce a tamaño real un barco de cincuenta metros de eslora. Unos espectaculares decorados de más de 1800 metros cuadrados que reflejan con todo detalle el interior de la embarcación, desde la sala de máquinas a los camarotes del capitán y los alumnos, la sala de juego, la cocina o el comedor.

La sala de máquinas está presidida por un motor real de 2.700 kilos, que fue la primera pieza en colocarse dado su gran tonelaje. Una vez montado el motor, se completaron el resto de las estancias que lo acompañan, desde la bodega a la lavandería pasando por un pequeño taller o la sala frigorífica. En esta planta se ha optado por no poner ventanas ya que simula estar por debajo de la línea de flotación.

Detrás de este laborioso trabajo, se encuentra el equipo de decoración de Fernando González, Director de Arte de Globomedia, que ha buscado la mayor verosimilitud y realismo en la reproducción del interior de la nave, no sólo en la distribución de las distintas estancias sino también en detalles como los tambuchos, cuerdas, remaches y velas utilizados.

En la reconstrucción interna del barco, que ha llevado cuatro meses de trabajo y en la que han participado más de 400 personas, se han utilizado 7.500 metros de cable, 130.000 remaches, 120 vigas y 1.800 metros de cabo para la cabuyería. Para la elaboración de los nudos de las cuerdas sobre la cubierta se pidió la colaboración de marineros experimentados, que fueron los encargados de su realización.

Para el rodaje en alta mar, algo que supone un gran reto técnico, se cuenta con la segunda goleta más grande de España, solo superada por el Juan Sebastián Elcano. Se trata del barco Cervantes Saavedra, cuyo amarre real está en La Marina Real Juan Carlos I, puerto de la Copa América, en Valencia.