profesion-prostitutaSegún el informe “Prostitución y políticas públicas: entre la reglamentación, la legalización y la abolición”, entre 300.000 y 700.000 mujeres ejercen la prostitución en España, donde cada día se gasta una media de 50 millones de euros en este negocio. El equipo de “Callejeros” se adentra en esta cruda realidad a través de “Profesión, prostituta”, una película-documental de 80 minutos de duración que constituye un viaje por la vida de algunas mujeres que, por decisión propia o forzadas por las circunstancias, han tenido que ejercer la prostitución.

 

El programa, que Cuatro emitirá el viernes a las 22:45 horas, supone el segundo largo de “Callejeros” tras el éxito de “Cárcel” que anotó en noviembre un 12% de share y 1.947.000 espectadores y recoge los testimonios de varias prostitutas para conocer sus experiencias vitales sin entrar en juicios ni valoraciones. El equipo de “Callejeros” convive día y noche con ellas, desde que están en sus casas hasta que llegan a sus lugares de trabajo.

 

“Profesión, prostituta” recoge casos como el de Pamela, una mujer de 30 años que nunca hubiera imaginado que acabaría dedicándose a este oficio. “Creía que las prostitutas eran lo más rastrero de este mundo”, confiesa. Ahora ejerce la prostitución en un local de Barcelona y cobra 120 euros por cada servicio. “Fue muy duro, horrible”, sentencia. “Te sientes sucia, lo peor…, pero luego te acostumbras”.

 

“Mi madre no trabaja, mi hermano tampoco… y están esperando el dinero”, asegura Verónica, una prostituta rumana que envía lo que gana a su familia, aunque confiesa “que ellos no saben a qué me dedico, creen que soy camarera”.

 

El programa también acude al extrarradio de Madrid, donde un grupo de mujeres se concentra diariamente para ofrecer su cuerpo a pesar de las inclemencias meteorológicas.

 

“Hay que ganarse la vida y no sabemos hacer otra cosa”, comenta una de ellas. A su alrededor, decenas de coches peregrinan de un grupo a otro hasta que contratan algún servicio.

 

En la otra cara de la moneda están los vecinos: “¡Yo no quiero a prostitutas viviendo en mi portal!” , grita una mujer a la entrada de un bloque de viviendas en A Coruña. “Aquí viven mujeres de moral distraída, hay muchos problemas en el bloque”, afirma el presidente de otra comunidad de vecinos. A su lado Antía, una prostituta gallega de 33 años, argumenta que tanto ella como sus compañeras son unas vecinas ejemplares y no molestan a nadie en el edificio.

 

Julia es una prostituta que está alojada en un club de alterne a las afueras de Castellón, en el que las chicas son tratadas como huéspedes de un hotel que cuenta con todo tipo de comodidades. Acude al gimnasio, a la peluquería y al masajista casi a diario sin salir del lugar donde vive y trabaja.

 

“Cada vez son menos los que vienen y se dejan 500 euros en una noche”, asegura Marta, una uruguaya que lleva dos años ejerciendo en un club de Barcelona. “No te puedes llegar a imaginar las fantasías que piden algunos clientes”, comenta. Marta tiene dos hijos viviendo en Uruguay y afirma que fue una sucesión de circunstancias desfavorables lo que le llevó a un trabajo que no le gusta. “Mi vicio es ganar dinero”, confiesa. En un mes bueno, asegura, puedo ganar más de 10 000 euros .

 

A las afueras de Sevilla, en un estudio de fotografía, una joven posa, sugerente, ante el objetivo de un fotógrafo. “Son las imágenes que vamos a subir a la página web, hay que mostrarse lo más sexy posible”. Es Silvia, una prostituta de Sevilla que junto a otras seis chicas españolas ofrece su compañía a 190 euros la hora a través de una página de Internet. Ellas rechazan la palabra prostituta: “Somos chicas escort: mujeres de más nivel que, además del sexo, podemos acompañar al cliente a cenar o a la ópera”.

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