La nueva edición de ‘Supervivientes’ se ha hecho esperar tres años, pero la aventura ya ha comenzado en Telecinco. Empieza el movimiento en las islas remotas de Honduras, y también en el plató del programa, donde seguro que habrá tantos buenos momentos como en el archipiélago hondureño.

En Tutele hemos querido resaltar cuatro importantes factores que llevaron a ‘Supervivientes 2011’ a la gloria, proclamándose la edición más vista. La evolución del formato ha permitido que los responsables del proyecto testen lo que gusta y lo que no, probando nuevas mecánicas hasta dar con la acertada. Hemos visto el concurso compuesto por anónimos, por fichajes de famosos, con mezcla, con islas divididas, trasladados a la selva, y ahora llega el casting más tróspido, freak o vulgar (llámalo equis) de la historia del programa.
La destacada química del dúo de presentadores

Jorge Javier Vázquez y Raquel Sánchez Silva repiten como maestros de ceremonias, él lo sigue haciendo desde el plató de Madrid, y ella guía a los concursantes en las distintas pruebas y conexiones. El buen rollo que hay entre la pareja traspasa la pantalla, la sonrisa perenne de Raquel y la mordaz ironía del presentador encajan de maravilla y hacen que te sientas parte de su complicidad.
Además, Telecinco acertó hace tres años trasladando el cortijo de ‘Sálvame’ a ‘Supervivientes’, porque junto a Jorge Javier también se trasladó al reality-show el espíritu del programa de las tardes. Por su parte, Raquel pone un punto de cordura y simpatía a la frivolidad del plató o a las disputas que se dieron (y se darán) en la isla.
Un casting que lleva por bandera la retroalimentación
No nos vamos a engañar, en la edición anterior los concursantes tampoco es que fueran premios nobel, best-sellers o matemáticos reconocidos, ni siquiera eran famosos de primera línea, siendo el peso pesado Kiko Rivera. Entre ellos estaban Toni Genil, Sonia Monroy o Tatiana Delgado, en aquel entonces conocida por operarse de todo sin tapujos ante las cámaras de Cuatro.
Por eso no debemos llevarnos las manos a la cabeza porque en el casting predominen viceversos, pretendientes de Corina o sobrinos de tonadilleras y algún que otro familiar descarriado. En principio los concursantes podrían pasar más bien por anónimos que por famosos, ni siquiera llegan a la categoría de pseudo-famosos (algo que los de ‘SV 2011’ podíamos decir que alcanzaban). No obstante, seguro que esta nueva pandilla dará de qué hablar, y se prestarán para desfilar por los distintos programas de Mediaset.
Sin perder el toque de humor
En los últimos años las risas han empezado a tener más importancia en los reality-shows, probablemente todo empezó con la vuelta de tuerca que Cuatro dio a este tipo de programas con productos como ‘Un Príncipe para Corina’ o ‘¿Quién Quiere Casarse con mi Hijo?’. La edición anterior de ‘Supervivientes’ también se empapó de ese perfil, riéndose de ellos mismos, tanto concursantes como presentadores, haciendo chistes de las situaciones surrealistas que se daban tanto en la isla como fuera de ella.
Pero como en cualquier reality que se precie, las risas van acompañadas de llantos, y para lo que algunos puede resultar chistoso o transgresor, para otros significa un insulto a la inteligencia del espectador o una ordinariez, ¿quién no ha visto el vídeo en el que el presentador tacha a una de las concursantes de “hija de puta” delante de la atónita mirada de la propia madre de la susodicha? Televisión en estado puro, para bien y para mal.
Sembrando cizaña desde el plató
El episodio al que nos referimos en el párrafo anterior podría trasladarse también a este apartado, porque fue en el plató de ‘Supervivientes’ donde ocurrían la mitad de las cosas interesantes del concurso, sobre todo a medida que los protagonistas iban abandonando la isla.
Las conexiones en directo, las charlas incómodas con gente del exterior o las peleas y dimes y diretes que tenían como escenario el plató de ‘Supervivientes’ fueron una baza importante tres años atrás. Seguro que este 2014 el nivel no va a decaer y los responsables aprovecharán la mínima ocasión para hacer explotar a amigos y familiares, y así tener carnaza durante unos minutos, que el programa dura entorno a 4 horas y no siempre es sencillo recoger material interesante.

