En el prime time de laSexta llega una nueva entrega de la cuarta temporada de El jefe infiltrado. En el programa, el jefe de una empresa de pocería se sumerge en las cloacas del centro de Madrid para enfrentarse a situaciones en las que la suciedad, los malos olores y las ratas no será lo más desagradable que descubra.

El Jefe infiltrado perderá no sólo su identidad sino también gran parte de su cabellera, en uno de los cambios de looks más atrevidos y sorprendentes de la temporada.

Serbis, una empresa referente en el sector de la pocería en ‘El jefe infiltrado’

Esta semana el director general del Serbis se infiltra en su compañía para descubrir si sus cloacas están verdaderamente saneadas o necesitan algo de atención. El jefe se sumergirá en las entrañas de la empresa pero también en las de la ciudad, donde vivirá desagradables situaciones que le harán valorar mucho más las dificultades a las que se enfrentan diariamente los trabajadores de su compañía. Bajo una falsa identidad, el jefe descubrirá el día a día de la pocería de alto riesgo, experimentará los servicios de urgencias en los que hay que dejarlo todo para solucionar un imprevisto y se pondrá el mono de albañil para identificar si se llevan a rajatabla los protocolos o hay cierta laxitud en algunos asuntos.

Para conseguirlo, El jefe infiltrado se someterá a uno de los cambios de look más sorprendentes de la temporada: perderá no sólo su identidad sino también su pelo, para convertirse en alguien completamente diferente y no ser descubierto por ninguno de sus empleados.

Bajo este nuevo aspecto, El jefe de Serbis se convertirá en uno más de la empresa en no pocas tareas. Se infiltrará directamente en el corazón de Serbis: el servicio 24 horas, donde descubrirá la exigencia que requiere este puesto. También trabajará en el departamento de albañilería, en el que cualquier error en el protocolo de seguridad puede provocar grandes problemas. La atención al cliente será otro de los focos en los que pondrá atención, así como el servicio estrella de la compañía: la pocería. Un trabajo que en muchas ocasiones comporta un alto riesgo y del que será testigo en primera persona. Durante la experiencia, el jefe infiltrado protagonizará gratas primeras impresiones pero también incómodos descubrimientos ante los que tendrá que tomar cartas en el asunto y actuar.

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