Tristeza, alegría, asco, repugnancia, sorpresa, miedo, ira. Son muchas las emociones y sentimientos que se viven en el día a día y que salvaguardan experiencias, historias, momentos y recuerdos. Las marcas lo saben y por eso emprenden estrategias de publicidad emocional para establecer un vínculo afectivo con sus potenciales consumidores.

Y la pregunta es: ¿Sirven las emociones para vender más?

Marketing emocional: Buscando el lado humano

Probablemente no te has parado a pensarlo, pero cuando realizas una compra no te basas en un análisis racional de las alternativas que tienes, sino que son tus emociones las que te ayudan a dar el paso y hacer clic en el botón de “comprar”.

Para entender cómo funciona la nueva publicidad que busca el lado más humano de sus potenciales compradores es importante tener claro que las marcas quieren vender productos que cubran necesidades. Así, al realizar la compra, el consumidor obtiene un producto que cubre sus necesidades, pero que además le produce sensaciones. Es, digámoslo así, la experiencia de usuario emocional.

Teniendo en cuenta la gran cantidad de impactos publicitarios que recibe un usuario estándar a lo largo del día, es importante marcar la diferencia respecto al resto y la generación de emociones es una magnífica forma de hacerlo.

Básicamente, se trata de vender una experiencia, una sensación, una historia. ¿Te suena el anuncio de Estrella Damm de cada verano? Pues de ese tipo de publicidad es de la que hablamos. Publicidad que se recuerda fácilmente, que no cambias de canal para verla de principio a fin, publicidad con historias con las que llegas a identificarte.

Conectar el lado humano de la marca con la audiencia se ha convertido en el objetivo principal de empresas de cualquier tamaño y sector. Con la ayuda del marketing online y las redes sociales la relación de comunicación entre empresa y comprador se ha fortalecido y este último tiene el poder de comentar, y dejar su feedback a la marca. Esta, a su vez, tiene la posibilidad de comunicarse de forma más transparente y llegando al lado más emocional del consumidor.

Pero la clave está en los anuncios publicitarios, que siguen siendo la mejor forma de que la marca muestre lo que quiere mostrar. Según Elia Guardiola, experta en marketing emocional, estamos hablando de “historias reales llevadas a la pantalla de un spot que logra que nos sintamos identificados con ellas”

Lovemarks y publicidad emocional que llega

Utilizamos este término para referirnos a todas esas marcas que han sabido humanizar sus valores, han trabajado su storytelling y han enganchado a cientos/miles/millones de usuarios en todo el mundo.

Hacer marca o branding emocional ha supuesto que veamos a Sony como una tecnológica innovadora, identifiquemos Vogue con glamour o Nike con el mundo deportivo profesional.

El secreto de las lovemarks ha sido conectar con las emociones de sus clientes y buenos ejemplos son Coca Cola, El Pozo o Lidl:

¿Te acuerdas de este anuncio de El Pozo? Solo entra en tu casa quien te hace sentir bien, quien te cuida, quien te quiere y quién te trae lo bueno. Se ensalza el valor familiar bajo la frase: “No somos una marca más. Somos uno más de la familia”.

¿Y de este anuncio de Coca Cola? Uno de los mejores de la marca, sin lugar a dudas. Con él nació el concepto del cajero automático de la felicidad. Se muestra cómo la gente saca 100 euros gratis a cambio de que lo compartan realizando alguna de las acciones que la máquina muestra. No se sabe cuántos lo hicieron, pero el anuncio muestra a aquellos que llegaron a cumplirlo.

En este caso, Lidl no jugaba tanto con las emociones, pero sí con los valores de marca. Si quieres calidad, búscala en los comercios Lidl, que ellos ya se encargan de ofrecerte solo lo mejor.

En definitiva, las emociones incitan a la acción y cuánto más intensas sean esas emociones asociadas a la marca, ya sean positivas o negativas, más profunda será la conexión neurológica conseguida en el cerebro del consumidor. Por eso, la publicidad es útil para darle autoridad a esa conexión de redes neuronales que serán las responsables de motivar la compra impulsiva de ciertos productos. Así lo confirma Donal Caine, neurólogo popular.

¿Puede tu producto hacer que el potencial consumidor se sienta más atractivo?, ¿más elegante? Ya sabes, comienza una estrategia de publicidad emocional y cuéntales una buena historia con la que se identifiquen. Seguro que aumentan tus ventas.