Pol Morales
Aterrizó anoche su segunda edición y, como era de esperar, arrasó. Pero ¿tanto como quisieran los mandamases de Telecinco? Seguramente no. La cadena decidió estrenar una de sus grandes bazas para el otoño en la dificilísima noche de los lunes, contra una ‘Isabel’ imperturbable ante cualquier contrincante y el inesperado éxito de ‘La cúpula’, que se ha convertido en una de las pocas ficciones internacionales que no han terminado hundidas en la parrilla de Antena 3. En Fuencarral han querido recuperar el trono que en su día ocuparon con ‘CSI’ y puede que lo estén consiguiendo. Pero a costa de uno de los pocos revienta audímetros de la televisión actual.
¿Por qué ‘La voz’ no aplastó anoche a su competencia? La respuesta más coherente la encontramos en una audiencia fiel a los avatares de la reina católica, prácticamente calcada a la de ‘Águila roja’. En Telecinco seguro que eran conscientes de que era un rival imposible de batir, como en su día lo fueron al programar ‘Gran Hermano’ contra el ninja de La 1. El problema ha llegado con el enemigo imprevisible, esa ‘Cúpula’ que ha resistido el embiste con notable fortaleza y que ha impedido que hoy el ‘talent’ amaneciera con cifras que rozaran ese mítico 30% que alcanzó en su debut de hace un año.
¿Audiencia hostil?
Pero otra explicación, mucho más preocupante para Telecinco (la serie de Antena 3 finalizará en tres o cuatro semanas si mantienen la emisión de un doble episodio), se podría encontrar en el propio comportamiento de la audiencia española, que con el tiempo suele dejar de respaldar a un género, el de los ‘talent shows’, que se le resiste. ‘Operación triunfo’, ‘Fama’, ‘Tú sí que vales’. Demasiados ejemplos que han seguido una estela descendente incluso después de haber sido revitalizados. A diferencia de otros países, como Estados Unidos o Reino Unido, dónde los programas de talentos siguen ocupando las primeras posiciones en los rankings de audiencia, los espectadores españoles terminan perdiendo el interés por este tipo de concursos.
¿Hasta qué punto afectará esta tendencia al formato revelación de la pasada temporada? Desde luego, no puede decirse que Boomerang, la productora de la adaptación española de ‘The voice’, no haya puesto toda la carne en el asador para esta segunda entrega. El éxito arrollador les pilló desprevenidos el año pasado, pero esta vez no hay excusas que defiendan un mediocre despliegue técnico. A la espera de ver cómo se las ingeniarán en los directos, sin duda la gran decepción de la primera temporada, por el momento podemos asegurar que el poderío se ha dejado notar.
Buen nivel musical
Nunca ha sido garantía del éxito (‘OT2’ mejoró notablemente la puesta en escena respecto a la primera edición y, sin embargo, marcó el inicio de su declive), pero está claro que ‘La voz’ no ha querido dormirse en los laureles. Ni siquiera el nivel de los aspirantes ha descendido respecto al año pasado, en un país que todos asumíamos con limitado talento musical. Anoche, más de la mitad de los candidatos superaron con nota el casting, destacando la sevillana Dina, los dos flamencos David y Estela y Tina, que pasó de ser descartada en la primera edición a lograr la unanimidad del jurado en su segundo intento.
Pero mientras el nivel musical del programa permanece intacto, harían bien sus responsables en restarle protagonismo a los ‘coaches’. La llegada de Antonio Orozco, premio al jurado revelación 2013 tras el fiasco de Pitingo, no ha hecho sino acumular más minutos de televisión a los jueces, en detrimento de las verdaderas estrellas de este formato, que en realidad son los concursantes. Si Christina Aguilera es capaz de contenerse en su sillón al otro lado del Atlántico, qué menos que exigirle a Bisbal y compañía un poquito más de mesura. Que esto es La voz.
