La periodista Adela Úcar logra convivir con distintos representantes de la sociedad china en una de las zonas españolas más pobladas por esta comunidad
En tan solo 10 años, la llegada de ciudadanos chinos a nuestro país se ha multiplicado por seis y supera los 167.000
En su última temporada, “21 Días” ha sido líder de su franja con un 8,3% de share, superando en casi 2 puntos a La Sexta (6,5%). El factual comparte liderazgo con Telecinco en los jóvenes de 25 a 34 años con un 13,6% de share, a 7 puntos de su inmediato competidor (6,4%)
Más de 167.000 ciudadanos chinos, según datos del Instituto Nacional de Estadística, viven en España. Son la séptima nacionalidad por número de inmigrantes, por detrás de Rumanía, Marruecos, Reino Unido, Ecuador, Colombia e Italia, pero su visibilidad es muy superior a los otros países por su carácter emprendedor y su velocidad a la hora de crear y mantener negocios. Para descubrir su manera de vivir, adaptarse y prosperar en España, Adela Úcar se sumergirá durante tres semanas en la comunidad china en la nueva entrega de “21 Días” con la que Cuatro retoma desde el sábado 17 de mayo (23:45h) la emisión del famoso factual.
Celosos de su privacidad
La comunidad china es la gran desconocida entre las nacionalidades que han elegido España como nuevo destino de vida.En el polígono industrial Cobo Calleja, donde se concentran más de 500 almacenes en los que trabajan unos 10.000 asiáticos y se genera una cifra anual de negocio de unos 870 millones de euros, es muy complicado encontrar un ciudadano chino que explique el funcionamiento de este mercado. “Después de la Operación Emperador todo el mundo tiene miedo” cuenta a Adela un joven propietario de uno de los almacenes. “Ahora hay poca gente. Antes teníamos clientes de otros países, como Francia, Alemania, Bélgica o Marruecos, pero ahora mucha gente no se atreve a venir”.
La situación más comprometida con la que se encuentra Adela es la desaparición repentina de una de las personas que accedió a participar en el reportaje: Coco, propietario de una tetería en el barrio de Usera que muestra a Adela su negocio, le cuenta lo duro que es trabajar tantas horas al día, necesarias sin embargo para llegar a tener dinero y cumplir su sueño de “tener muchas tiendas, mucho dinero, muchos coches y muchas casas”.Después de un día juntos, Coco desaparece sin dejar rastro y con muchas preguntas en el aire.
Chinatown en Madrid
La capital de España alberga su propio y peculiar Chinatown al sur de la ciudad. Usera, un barrio situado en la salida hacia la carretera de Andalucía, es el distrito madrileño más poblado por la inmigración china, con casi 7.000 chinos censados. Miao, de 28 años, tiene aquí su negocio de organización de bodas y asegura con rotundidad que un ciudadano chino podría vivir toda su vida en este barrio sin necesidad de hablar español. Ella lleva desde los 10 años en España y habla el idioma, pero prácticamente se relaciona sólo con ciudadanos de su mismo origen. Su negocio está orientado únicamente a parejas chinas, de modo que el mismo día de la boda maquilla a la novia, le ayuda a escoger un vestido entre los cientos que tiene en su tienda y acto seguido monta la ceremonia. Adela convivirá con Miao y se verá inmersa en el frenesí de un día tan importante y lleno de sorpresas por la diferencia cultural.
Trabajar en un bazar
Adela Úcar hará durante 21 días exactamente lo mismo que los ciudadanos chinos establecidos en nuestro país: trabajar. Con horarios maratonianos y casi sin descansar, Adela estará junto a Enjy en su bazar. El chico, de 25 años, ha estudiado y se ha sacado una carrera aquí. En el bazar trabajan tres españoles y diez chinos y estos últimos no conocen el idioma pero sí el nombre de los productos que venden y dónde están situados en la tienda. “Normalmente los chinos que saben español tienen su propio negocio” cuenta Enjy que en estos momentos trabaja en un bazar porque “es muy cómodo trabajar para otros”, aunque su meta es prosperar para montar su propio negocio y seguir ganando más dinero. “Somos muy solidarios a la hora de dar préstamos a los amigos”, señala, “lo bueno es que son sin intereses, y no te embargan”. Este concepto de la solidaridad es lo que permite a los chinos establecidos en España puedan ayudar a familiares y amigos a instalarse, con recursos o sin ellos. Enjy, que comparte piso con cinco chinos más, ayudará a Adela a integrarse a su comunidad y a entender una cultura tan distinta a la suya.