Pol Morales
Con las pilas cargadas y un mayor afán de espectáculo. Así regresó anoche ‘Masterchef’ a La 1, con la presión de repetir el éxito del año pasado y cumpliendo en parte su objetivo. El estreno de esta segunda temporada, con un 16,5% de share, superó en cinco puntos a su paupérrimo debut de hace doce meses, cuando los responsables de la televisión pública tuvieron que rescatarlo con el salvavidas de la liga de campeones. Las cifras de este 2014 tampoco han sido tan suculentas, sobre todo si tenemos en cuenta que el programa se despidió en su momento con un excelente 33% de audiencia.
De momento, parece que esta vez no harán falta medidas de urgencia, aunque lo que determinen los audímetros la semana que viene será indispensable para comprobar si el fenómeno Masterchef ha sufrido algún tipo de desgaste. De entrada, no hay motivos para la preocupación. El éxito del año pasado se cocinó a fuego lento y algo parecido ocurrió también con el formato de la competencia, un ‘Top chef’ que se inició fuerte en Antena 3, pero que luego se debilitó para volver a resurgir en las últimas entregas. Está claro que la cocina también requiere de paciencia en su traslado a la televisión.
En todo caso, el programa llegó anoche con ánimo de arrasar. Aunque sus responsables aseguran contar con el mismo presupuesto que el año pasado, es evidente que el despliegue de medios ha lucido mucho mejor en esta ocasión. Los planos aéreos sobrevolando la estatua de Colón de Barcelona con el macrocasting de 500 aspirantes al fondo son el ejemplo perfecto de hasta qué punto se puede refinar la realización en este país (¿oído, señores de ‘La voz’?).
Los tres jueces, algunos más que otros, han perfeccionado su rol en el concurso, destapando el papel prácticamente testimonial de Eva González. Pepe Rodríguez se afianza como el pilar indispensable de Masterchef España, con esa mezcla de humor y campechanismo que encandila a la audiencia más veterana de La 1. Por su parte, Jordi Cruz, en pleno proceso Men’s Health, refuerza su imagen de tipo duro y respetable, mientras Samantha de España, a pesar de sus notables esfuerzos, sigue pendiente de mejora.
Muy mejorable parece también el nivel culinario de estos nuevos aspirantes que, a diferencia de la entrega anterior, han llegado al concurso sin grandes creaciones. Sus perfiles, en cambio, parecen más prometedores. Por un lado, personajes carismáticos de la primera temporada como Maribel, la ama de casa dicharachera, o Fabián, el joven e inexperto repostero, encontrarán en Churra y Mateo a grandes sustitutos. Por el otro, el programa explorará nuevos terrenos con Gonzalo, el profesor de yoga; Jorge, el biólogo molecular con el parecido menos que razonable a Jordi Cruz, y sobre todo, con Celia, la vegana entrañable a la que todos deseamos ver con un pichón o un cordero lechal delante. La guinda para un casting perfecto la hubiera aportado sin duda Almudena, la señora de Bilbao que regresó a casa indignada sin el delantal blanco.
Cerrado el proceso de casting, esa fase necesaria en todo ‘reality’ y que inexplicablemente no termina de encandilar a la audiencia, la semana que viene será el turno de la competición. Aviones, portaaviones y alta montaña son algunos de los escenarios en los que estos 15 aspirantes deberán poner a prueba sus dotes culinarias. La gran incógnita de esta edición, además de conocer la identidad del Masterchef 2014, será comprobar cómo superarán la presencia de Ferran Adrià en el último programa. ¿Apostamos ya por Gordon Ramsay?
